16/04/2026
La integración de drones en el espacio aéreo convencional parece inminente, pero plantea retos operativos y de seguridad. Virginia R. Martín (División de Desarrollo de Operación U-space de ENAIRE) analiza los desafíos de compatibilizar vuelos tripulados y no tripulados.
La aviación tradicional atraviesa una etapa de transformación tecnológica que plantea un reto complejo: cómo integrar innovaciones como drones y aeronaves eléctricas de despegue y aterrizaje vertical (eVTOL) en un sector donde la seguridad y la regulación son estrictas. Para garantizar que estas nuevas tecnologías pueden convivir con vuelos tripulados sin comprometer la seguridad y la eficiencia, se están realizando diferente pruebas. En el marco del Proyecto Eureka, se ha llevado a cabo un ensayo en el Aeropuerto de Palma de Mallorca, donde un dron transportó material sanitario al aeródromo de Son Albertí.
Virginia R. Martín, miembro de la División de Desarrollo de Operación U-Space de ENAIRE, detalla en esta entrevista cómo se están desarrollando los sistemas y protocolos necesarios para que drones y aeronaves tripuladas puedan compartir el espacio aéreo de manera segura.
¿Qué aplicaciones concretas pueden tener los drones y otras aeronaves no tripuladas en el entorno de un aeropuerto comercial?
Los drones y aeronaves no tripuladas son medios de transporte aún en desarrollo. Inicialmente, las aplicaciones prácticas se centran en emergencias, como tareas sanitarias. Con la consolidación de las operaciones, existe un enorme campo que ya se está explorando para logística, mantenimiento e inspección, apoyado en la actividad industrial alrededor de los aeropuertos. Un ejemplo puramente aeroportuario son las inspecciones de pista con drones. Sin olvidar las entregas de “última milla” o el transporte de pasajeros (los llamados “aerotaxis”). Se espera, por tanto, que los drones y otras tipologías novedosas de aeronaves, enmarcadas en la llamada movilidad aérea innovadora (IAM), aumenten las opciones de conectividad, usando medios de transporte más eficientes y sostenibles.
Desde el punto de vista operativo, ¿qué cambia en la gestión del tráfico aéreo cuando al espacio aéreo convencional se incorporan drones y, en el futuro, aeronaves eléctricas de despegue y aterrizaje vertical (eVTOL)?
Ante cualquier cambio en el espacio aéreo, es fundamental garantizar la compatibilidad de todas las operaciones, de forma que el nivel de seguridad de cada una no se vea afectado por las demás. Esto implica diseñar nuevos procedimientos y reglas de vuelo que permitan la convivencia de drones y aeronaves tripuladas en el espacio aéreo, así como la imprescindible formación del personal implicado.
¿Están todos los aeropuertos en condiciones de integrar este tipo de operaciones o deben cumplirse determinados requisitos técnicos, operativos o de volumen de tráfico?
Hay estándares y necesidades comunes que serían replicables en todos los aeropuertos, pero cada infraestructura tiene sus particularidades y será necesario estudiar cada caso, especialmente al principio. Por otro lado, cabe esperar que la demanda de tráfico sea mayor en aeropuertos con alto volumen de pasajeros, en los cuales, por su complejidad, los condicionantes técnicos pueden ser más exigentes.
¿Qué información es crítica para que una operación con drones en un aeropuerto no genere interferencias ni conflictos con la aviación tripulada?
La coordinación es un concepto clave en los desarrollos que se están realizando desde ENAIRE, en colaboración con Aena, autoridades y operadores. Es fundamental conocer la posición de cada usuario del espacio aéreo —y otros parámetros de las operaciones— para que no interfieran entre sí durante el vuelo. Para lograrlo, los flujos de información entre los implicados deben estar definidos y funcionar con fluidez y fiabilidad. En este sentido, la arquitectura que se está desarrollando facilitará los enlaces para que estos intercambios de información sean óptimos.
ENAIRE asumirá en España el papel de proveedor común de información en el entorno U-Space. ¿Qué implica esta responsabilidad y qué desafíos técnicos y operativos conlleva?
La mayor dificultad es desarrollar e implantar un sistema totalmente novedoso, sin precedentes. Dicho de manera simple, nos enfrentamos al folio en blanco. Técnicamente, se trata de un desarrollo de software complejo, en el que se prioriza una gestión altamente digitalizada y automatizada, capaz de dar servicio a un elevado número de drones. La seguridad, en todas sus vertientes, será la protagonista en la fase de operación, momento en que la experiencia operacional de ENAIRE será un facilitador.
¿Qué tecnologías y sistemas digitales son imprescindibles para garantizar la operatividad segura de drones y futuras aeronaves eléctricas en entornos aeroportuarios complejos?
En entornos aeroportuarios complejos, es fundamental para todos los usuarios “ver y ser visto”. Esto se logra mediante el uso de dispositivos que permitan conocer la posición y otros datos del dron y enviar la información a través de una conexión a Internet. Estos sistemas, junto con los de vigilancia aeronáutica (los radares son los más conocidos), proporcionan una imagen completa del tráfico aéreo en determinada zona.
Si además estamos en U-Space, los proveedores de información común y de servicios U-Space (conocidos como CISP y USSP) proporcionarán una serie de herramientas obligatorias que facilitan la operación mediante sus respectivas plataformas digitales (gestión de planes de vuelo, información de tráfico, etc.). Finalmente, U-Space requiere que las aeronaves tripuladas estén equipadas con tecnologías de e-conspicuity, dedicadas también a determinar su posición.

En un ecosistema con múltiples actores —operadores, proveedores U-Space, gestores aeroportuarios y autoridades—, ¿dónde identifica hoy los principales riesgos: en la tecnología, en la coordinación o en la posible interdependencia entre sistemas?
Aunque la tecnología ya existe, hablamos de sistemas complejos y de envergadura económica considerable, rasgos habituales en innovación. Por tanto, destacaría la coordinación entre esos múltiples actores que ha mencionado. En España se está trabajando, junto con DGAC y AESA, en una arquitectura centralizada que facilite esa coordinación. También citaría la rentabilidad, por el alto coste de los despliegues innovadores. Ambos aspectos son clave para que podamos disfrutar como sociedad de esta nueva movilidad aérea.
Si se produjera un fallo tecnológico o digital en la plataforma que soporta estas operaciones, ¿qué impacto tendría y cómo se garantiza la continuidad del servicio?
Las profesiones aeronáuticas, en particular las vinculadas a la navegación aérea, están íntimamente ligadas a la seguridad. De hecho, en ENAIRE decimos que la seguridad está en nuestro ADN. Por ello, antes de poner en servicio cualquier sistema, sea novedoso o evolutivo, se estudian todas las posibilidades. Así, dependiendo de cada eventualidad, están previstas distintas estrategias de mitigación, con el objetivo de garantizar siempre los más altos estándares de seguridad.
Desde el punto de vista regulatorio, ¿considera que Europa —a través de organismos como EASA— está avanzando al mismo ritmo que la evolución tecnológica?
Es una cuestión interesante. Las garantías que exige Europa a cualquier iniciativa con repercusiones socioeconómicas hacen que las normativas se desarrollen con altos estándares de seguridad. Centrándonos en tecnologías de innovación, que por su naturaleza requieren un esfuerzo adicional en su puesta en marcha, es fundamental efectuar pruebas de validación y poner de acuerdo a numerosos agentes. Ante ello, es importante que instituciones e industria vayan de la mano, para conjugar ambos aspectos con eficiencia.
Mirando a medio plazo, ¿cuál es el mayor desafío para que los vertipuertos y el U-Space se consoliden como una realidad operativa segura, escalable y económicamente viable?
En mi opinión, el desafío radica en lograr un desarrollo paulatino de operaciones cada vez más complejas, sostenibles y de las que podamos ir aprendiendo. En este proceso se incorporarán nuevos servicios, ya en desarrollo en proyectos de I+D+i. Para que esto sea una realidad, es fundamental el apoyo institucional y seguir trabajando conjuntamente, aportando cada integrante del sector sus fortalezas, intereses e ideas.
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Ingeniera aeronáutica por la Universidad Politécnica de Madrid y graduada en ADE por la UNED, Virginia R. Martín cuenta con más de veinte años de carrera profesional en Aena y ENAIRE, en los ámbitos de aeropuertos y de navegación aérea. Actualmente participa en el desarrollo de negocio y servicios para drones, desde la División de Desarrollo de Operación U-Space de ENAIRE.



