04/06/2026
Durante la XXX edición de las Jornadas Internacionales Mapfre Global Risks, celebradas en Cáceres (Extremadura, España), entre los días 27 y 29 de mayo, se ha hecho entrega del V Premio a la Excelencia en la Gerencia de Riesgos a Progreso. No hemos querido perder la ocasión de entrevistar Álvaro José Paiz Falla, el Director Ejecutivo de Riesgos Financieros de esta compañía líder en cemento, materiales y soluciones para la construcción, que tiene presencia en ocho países de América Latina.
Enhorabuena. ¿Qué significa este reconocimiento a la labor de la Gerencia de Riesgos que hacéis en Progreso
Muchas gracias. Este reconocimiento lo recibimos con gratitud, pero sobre todo como un reflejo de una forma de entender la gestión que hemos construido en el tiempo.
Para nosotros, la Gerencia de Riesgos no es únicamente una función, es una manera de tomar decisiones con responsabilidad, especialmente en contextos de incertidumbre. Es una práctica que conecta planificación, anticipación y valores.
Y todo eso responde a algo más profundo: a nuestro propósito de construir juntos el país donde todos queremos vivir. Porque gestionar riesgos, en nuestro caso, no es solo proteger el negocio; es asegurar que cada decisión contribuya a generar bienestar, confianza y desarrollo sostenible en las comunidades donde operamos.
En ese sentido, lo vemos no como un punto de llegada, sino como un compromiso renovado de seguir construyendo, juntos, una gestión cada vez más sólida, coherente con nuestro propósito y orientada al largo plazo.
¿Cuáles consideras que son las claves de una Gerencia de Riesgos exitosa?
Hay tres claves fundamentales:
- Primero, la anticipación: entender los riesgos antes de que se materialicen y gestionarlos desde el origen.
- Segundo, la capacidad de adaptación: los entornos cambian constantemente, y una organización resiliente es aquella que puede ajustarse con rapidez sin perder su dirección.
- Y tercero, quizás el más importante, es el criterio ético en la toma de decisiones. La gestión de riesgos no se pone a prueba cuando todo está bien, sino en los momentos de incertidumbre, donde elegir correctamente define el futuro de la organización.
En nuestro caso, esa brújula está en nuestro Código de Valores, Ética y Conducta (COVEC), nuestra Agenda de Liderazgo, y en la convicción de hacer lo correcto una y otra vez.
En estos 127 años de existencia que celebráis este 2026, ¿cómo han evolucionado los riesgos y la prevención a los que hace frente una compañía como Progreso?
Han evolucionado enormemente en complejidad, pero también en profundidad. Pasamos de gestionar riesgos principalmente operativos y locales, a enfrentar un entorno interconectado donde conviven desafíos ambientales, sociales, tecnológicos y económicos. Lo que antes podía abordarse de forma reactiva, hoy requiere una visión estratégica, integrada al negocio desde su definición.
Sin embargo, hay algo que no ha cambiado en más de 127 años: la forma en que respondemos ante la incertidumbre. Desde decisiones tomadas hace más de un siglo, hasta momentos recientes como la pandemia, hemos aprendido que gestionar riesgos también es tener la convicción de priorizar a las personas y al entorno, incluso en los momentos más difíciles. Esa coherencia es, quizá, nuestra mayor fortaleza.
Pensando en el futuro a medio-largo plazo, ¿cuáles consideras que serán los riesgos que tendrán un mayor impacto a nivel global en vuestro sector?
La incertidumbre global es hoy una constante, y en nuestro sector se manifiesta en múltiples dimensiones: desde la volatilidad de los mercados, la transformación tecnológica y la evolución de las expectativas sociales.
Asimismo, los retos en la cadena de suministro, la transformación tecnológica a través de la inteligencia artificial y los riesgos cibernéticos que esto representa. Sin embargo, en Progreso no partimos desde la incertidumbre como una limitante, sino como una realidad que gestionamos activamente. La enfrentamos con planificación, diversificación y, sobre todo, con una mentalidad de adaptación permanente.
Frente a ese entorno, tenemos muy claro dónde poner el foco: en nuestro círculo de influencia. Es decir, en aquellas variables que sí podemos gestionar, fortalecer y transformar. Desde ahí, apalancamos nuestras ventajas competitivas para anticiparnos, tomar mejores decisiones y generar valor sostenido. Y, quizá, lo más importante es la forma en que entendemos el tiempo. En Progreso no trabajamos con horizontes de trimestres, sino que planificamos por generaciones. Eso nos permite atender la coyuntura con disciplina y agilidad, pero sin perder de vista un objetivo mayor: asegurar la sostenibilidad del negocio, de las comunidades y del entorno en el largo plazo. Desde esa perspectiva, la gestión de riesgos deja de ser una reacción al contexto y se convierte en una herramienta para construir futuro, incluso —y sobre todo— en medio de la incertidumbre.
¿Qué valor crees que Mapfre Global Risks puede aportaros en la gestión de vuestros programas de seguros en esa próxima década?
Mapfre Global Risks es un aliado clave en esta visión de futuro. En un entorno donde los riesgos son cada vez más complejos e interconectados, el valor no está únicamente en la cobertura, sino en la capacidad de entender, anticipar y gestionar esos riesgos de manera conjunta.
Lo más relevante de nuestra relación es precisamente esa evolución hacia un modelo de co-creación, donde combinamos capacidades, experiencia y conocimiento para fortalecer nuestras decisiones. Es una relación construida sobre la confianza, pero también sobre el aprendizaje continuo. Donde cada interacción aporta, ajusta y mejora la manera en que gestionamos la incertidumbre. Y ese enfoque colaborativo, donde el riesgo se gestiona como un desafío compartido, será cada vez más determinante en los próximos años.
Por último y haciendo balance de estos tres últimos días en Cáceres, ¿qué destacarías de la XXX edición de las Jornadas Internacionales Mapfre Global Risks?
Destacaría, principalmente, el valor de la conversación y la construcción conjunta. Estos espacios permiten algo muy poderoso: salir de la operación diaria para reflexionar, compartir experiencias reales y co-crear soluciones frente a desafíos comunes.
Hay una gran riqueza en escuchar distintas perspectivas, entender cómo otros están abordando la incertidumbre y encontrar puntos de conexión que fortalecen a todos. Pero también destacaría el componente humano: la posibilidad de fortalecer relaciones de confianza que son clave para enfrentar un entorno cada vez más complejo. Porque, al final, la gestión de riesgos no se construye en solitario. Se construye en comunidad, desde la colaboración, con aliados estratégicos como Mapfre, y con la convicción de que juntos podemos anticipar mejor, adaptarnos mejor y, sobre todo, tomar mejores decisiones hacia el futuro.



