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Las Tierras Raras en la geoestrategia global de los recursos minerales

05/08/2026

Las tierras raras han pasado de ser unas grandes desconocidas a convertirse en materiales estratégicos para la transición energética y la revolución digital. Presentes en móviles, coches eléctricos o aerogeneradores, su producción plantea importantes retos ambientales y geopolíticos.

Durante la celebración de las XXX Jornadas Internacionales de Mapfre Global Risks, Manuel Regueiro, Consejero Técnico del Colegio Oficial de Geólogos, abordó el papel estratégico de estos elementos que responden a denominaciones que no se ajustan a su verdadera composición. “Las tierras raras ni son tierras, ni son raras”, explicó el geólogo en el inicio de su intervención. En realidad, se trata de un grupo de 17 elementos químicos —los lantánidos y otros dos con propiedades similares—, cuyo valor reside en sus características físicas. Dichos elementos forman multitud de minerales (hasta 180) y compuestos.

El término procede del siglo XVII, cuando se identificaban como “tierras” porque aparecían en forma de óxidos. La palabra “raras” viene de una mala traducción del inglés, rare earth, donde se hace referencia más a su dificultad de concentración y explotación que a su auténtica escasez.

 

Piezas esenciales de la tecnología moderna

Las tierras raras son fundamentales por su particular estructura atómica. “Fuerte magnetismo, luminiscencia, estabilidad térmica, propiedades ópticas…”, enumera el experto. Gracias a ellas se pueden fabricar materiales con las mismas propiedades. Esta química está presente en infinidad de objetos cotidianos. Un teléfono móvil contiene tierras raras en sus componentes magnéticos y ópticos; los vehículos modernos incorporan estos materiales en motores y sistemas electrónicos; y las turbinas eólicas necesitan grandes cantidades de imanes permanentes. Estos elementos, por tanto, forman parte de una sociedad tecnológica que depende de estos materiales, que muchas veces pasan desapercibidos.

Entre todos, Regueiro destacó el imán de neodimio, hierro y boro (NdFeB), que acapara el 45% de la demanda global de tierras raras. Su potencia permite fabricar motores más pequeños y eficientes, que están presentes tanto en la pequeña electrónica como en grandes vehículos o infraestructuras renovables.

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China: el dominio de una cadena de valor crítica

La principal preocupación internacional no es la existencia del recurso, sino quién controla hoy su transformación. China concentra una posición dominante en prácticamente todas las fases del proceso: minería, separación química, refinado y fabricación de componentes. Además de poseer abundantes recursos, el país ha logrado posicionarse como el principal fabricante y proveedor de estos materiales. “China no gana dinero circulando sus tierras raras por el planeta, sino vendiéndonos imanes de neodimio”, asevera el ponente. El verdadero negocio no está, por tanto, en extraer el mineral, sino en asumir toda su cadena de valor.

Esta ventaja industrial convierte a las tierras raras en una auténtica herramienta geopolítica: una región puede disponer de recursos minerales, pero si no tiene capacidad de refinado y fabricación, continúa dependiendo de otras potencias o regiones. El ejemplo más claro son los imanes permanentes: China concentra la mayor parte de su producción mundial, lo que convierte cualquier restricción comercial en un riesgo para industrias enteras.

En 2019, se estimaba que la producción mundial de óxidos de tierras raras era de unas 160.000 toneladas al año, de las que el 95 % procedían de China. Las reservas se cifraban entre 80 y 120 millones de toneladas, una cantidad suficiente para cubrir la demanda de los próximos 625 años. “Si no fuera por el pequeño detalle de que esas reservas están fundamentalmente en China”, apuntó. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), los datos correspondientes a 2023 sitúan la producción mundial en 353.320 toneladas al año y las reservas en 115 millones de toneladas. El principal productor sigue siendo China, con 240.000 toneladas (67 % de la producción mundial), seguida de Estados Unidos, con 43.000 (12,7 %).

 

La transición energética necesita más minerales

Uno de los mensajes centrales de la conferencia fue que la descarbonización no elimina la dependencia de recursos: la transforma. Los vehículos eléctricos, las redes eléctricas y las energías renovables requieren grandes cantidades de cobre, litio, níquel y tierras raras. “Para la transición energética harán falta recursos minerales”, afirmó Regueiro. El problema es que abrir nuevas minas requiere mucho tiempo. Entre la identificación de un yacimiento, la investigación, los permisos y la puesta en producción pueden pasar alrededor de 15 años. Esto supone, para el experto, una contradicción: las economías quieren acelerar la transición energética, pero la industria minera necesita plazos largos y grandes inversiones.

La situación de España en este contexto es compleja: cuenta con indicios y yacimientos de tierras raras, pero ninguno está actualmente en explotación. Entre ellos destacan Matamulas, en Ciudad Real, Monte Galiñeiro, en Pontevedra y las carbonatitas de Fuerteventura. Este caso refleja el debate global entre autonomía estratégica y protección ambiental. Algunos proyectos han generado rechazo social por el impacto asociado a la actividad minera. “Si dejáramos en este país explotar los recursos que tenemos, seríamos el primer productor de Europa”, afirmó. En cualquier caso, disponer del recurso no significa automáticamente poder utilizarlo. Hace falta tecnología, inversión, permisos y capacidad industrial.

 

La carrera por la independencia en minerales críticos

Con este escenario de fondo, la disputa por las tierras raras forma parte de una competencia mucho más amplia por el acceso a los minerales críticos necesarios para la transición energética y la transformación digital. Estados Unidos, la Unión Europea y Japón tratan de reducir su dependencia de China mediante reservas estratégicas, acuerdos internacionales e inversiones en nuevos proyectos de extracción y procesamiento.

Japón ha logrado disminuir progresivamente esa dependencia gracias a una política industrial centrada en diversificar proveedores y fortalecer su propia capacidad de producción. Europa también ha puesto en marcha iniciativas para asegurar el suministro de materias primas críticas, aunque con cierto retraso respecto a otras potencias. Sin embargo, el reto no consiste únicamente en localizar nuevos yacimientos, sino en desarrollar una cadena de valor completa. Las tierras raras permanecen invisibles para la mayoría de los consumidores, pero son esenciales para fabricar buena parte de las tecnologías que sustentan la economía actual. Su control no será solo una cuestión minera, sino también industrial, energética y geopolítica. “La pregunta es si conseguiremos la autonomía estratégica en minerales críticos sin hacer agujeros en el suelo”, concluyó el experto.

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