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Grandes ciudades, grandes riesgos: Ankara

07/07/2026

Metrópoli de casi seis millones de habitantes y corazón administrativo de Turquía, Ankara concentra gran parte de la gestión política del país. Su rápido desarrollo urbano y su exposición al cambio climático la sitúan ante una combinación de riesgos complejos.

Aunque su población ha crecido considerablemente en los últimos años, Ankara presenta una densidad moderada en el conjunto de su territorio (228,58 habitantes por km²). Con áreas urbanas mucho más densas, que superan los 2.000 e incluso los 5.000 habitantes por km² en algunos distritos. Se trata, además, de una ciudad con una población relativamente joven.

Como capital política de Turquía, concentra infraestructuras clave del Estado, como instituciones gubernamentales, centros administrativos, hospitales y una intensa vida universitaria. Protegerla, por tanto, conlleva desafíos añadidos: desde garantizar la continuidad operativa ante desastres hasta resguardar infraestructuras críticas y coordinar distintos niveles de gobierno.

Para la gestión de catástrofes, Ankara cuenta con la AFAD, autoridad en la gestión de desastres dependiente del Ministerio de Interior turco. Esta entidad coordina la respuesta en situaciones de crisis, pero también desarrolla programas de prevención, sistemas de alerta y formación ciudadana. Dentro de su estructura se incluyen centros de capacitación técnica orientados a la formación de personal especializado en búsqueda y rescate, gestión de incendios y planificación de emergencias.

 

Exposición a un alto riesgo sísmico

Turquía está situada sobre uno de los territorios tectónicos más activos de Europa y del planeta, entre las placas euroasiática, arábiga y africana, y cada año se registra al menos un seísmo de magnitud cinco o superior. Según la AFAD, el país ocupa el tercer lugar a nivel mundial en cuanto a víctimas mortales por terremotos y el octavo en cuanto al número total de personas afectadas.

Por este motivo, la coordinación es crucial. Uno de los episodios más relevantes fue el terremoto de Mármara de 1999, que marcó un punto de inflexión en la política de gestión de emergencias del país. El seísmo liberó una enorme cantidad de energía y causó más de 17.000 víctimas, impulsando reformas institucionales en materia de prevención y respuesta.

En este contexto, Turquía ha desarrollado un modelo de gestión de riesgos que prioriza la prevención y la preparación frente a la respuesta reactiva. AFAD coordina actualmente una red de delegaciones provinciales y unidades de intervención en todo el país.

No obstante, la vulnerabilidad no depende solo de la exposición al riesgo, sino también de la calidad del entorno construido. A pesar de contar con conocimiento técnico y normativa avanzada en diseño sismorresistente, en Turquía persisten carencias en la ejecución y mantenimiento de edificios, lo que incrementa el impacto potencial de los terremotos, especialmente en contextos urbanos como Ankara.

 

Sequía y presión sobre los recursos hídricos

Uno de los desafíos estructurales más relevantes de Ankara es la gestión del agua. El crecimiento urbano y demográfico ha incrementado notablemente la demanda. En un contexto de mayor irregularidad climática y reducción de la disponibilidad hídrica. El país ha sufrido durante muchos años escasez de agua, llegando a una de las peores sequías de su historia en 2025.

Para abordar este problema, la Administración de Agua y Alcantarillado de Ankara (ASKI, por sus siglas en turco) está introduciendo un modelo gradual y controlado de distribución hídrica, muy dependiente de una red de embalses y sistemas de captación. La demanda media diaria de agua de Ankara ronda los 1,3 millones de metros cúbicos, de los cuales una parte significativa procede de una sola presa, Kesikköprü.

Las tendencias climáticas recientes apuntan a un aumento de las temperaturas medias y a una mayor variabilidad en las precipitaciones, lo que intensifica el riesgo de sequías recurrentes. En este contexto, la gestión integrada del agua —que incluye monitorización de reservas, modernización de infraestructuras y control del consumo— se ha convertido en una prioridad estratégica para las autoridades locales.

 

Inundaciones urbanas: riesgo puntual pero intenso

Aunque Ankara no figura entre las provincias turcas con mayor riesgo histórico de inundaciones, su condición de gran área metropolitana hace que siga siendo vulnerable a ciertos episodios de inundación urbana. En Turquía, las inundaciones suelen producirse tras lluvias intensas, deshielos rápidos o el desbordamiento de cauces, y pueden desarrollarse en pocas horas en forma de inundaciones repentinas.

En el caso de Ankara, el riesgo no está tan relacionado con grandes ríos o zonas montañosas extremas, sino con factores climáticos asociados a realidades urbanas: alta densidad de construcción, superficies impermeables (asfalto y hormigón), crecimiento demográfico acelerado y limitaciones del sistema de drenaje. Durante tormentas intensas, algunas calles, pasos subterráneos y barrios situados en zonas bajas han llegado a acumular grandes cantidades de agua en muy poco tiempo.

 

Más allá de los riesgos naturales

El contexto regional y geopolítico añade una serie de consideraciones de carácter general que afectan a la seguridad en la ciudad de Ankara. Como capital del país, concentra actividad política, diplomática y administrativa, lo que puede traducirse en una mayor sensibilidad ante concentraciones o eventos públicos, así como en medidas específicas de orden y seguridad en determinados espacios.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de España recomienda viajar a Turquía con precaución y mantenerse informado sobre la evolución de la situación de seguridad en el país, especialmente por el contexto regional en Oriente Medio y la posibilidad de incidentes terroristas. Aunque Turquía presenta en general bajos índices de criminalidad, las autoridades españolas aconsejan extremar la vigilancia en grandes ciudades como Ankara y Estambul, particularmente en zonas turísticas, redes de transporte público y áreas con elevada concentración de personas. Por ello, el Ministerio recomienda mantener una actitud atenta en estaciones de metro, paradas de autobús y sedes diplomáticas.

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