30/04/2026
Existen soluciones integradas en edificios que confieren las prestaciones para resistir y limitar la propagación del fuego y del humo. Hablamos de la protección pasiva contra incendios. Están presentes en todos los edificios y son de obligado cumplimiento
Concepto, contexto y problemática
Cuando pensamos en protección contra incendios, solemos imaginar dispositivos como detectores, pulsadores, extintores, hidrantes o rociadores. Todos ellos forman parte de la protección activa de un edificio: sistemas instalados que se activan (de forma manual o automática) para detectar, alertar y, en algunos casos, controlar o extinguir un incendio.
Menos visibles —y tal vez por ello menos conocidos— existen otras soluciones integradas en edificios que confieren las prestaciones para resistir y limitar la propagación del fuego y del humo. Hablamos de la protección pasiva contra incendios.
Los sistemas de protección pasiva, al igual que los de protección activa, están presentes en todos los edificios y son de obligado cumplimiento para la obtención de la licencia para el inicio de la actividad, justificando normativamente en proyecto técnico su diseño y ejecución.
La normativa es clara a la hora de prescribir las necesidades pasivas en edificios, sin embargo, no existe un marco nacional que establezca rutinas y frecuencias de inspección a su conjunto.
A pesar de que la normativa es clara indicando que el edificio debe asegurar y mantener las exigencias básicas de seguridad contra incendios para las que fueron diseñados, no existe un marco que regule las tareas de mantenimiento a efectuar para prevenir el deterioro, mantener el buen estado y adecuada fiabilidad de estos sistemas. Las consecuencias son algo que todos sí hemos visto alguna vez, o ¿quién no ha visto una puerta resistente al fuego anclada en posición abierta con una cuña?
Desgraciadamente ejemplos como el anterior son muy frecuentes y son consecuencia de la falta de atención/conocimiento y mantenimiento de estos sistemas, simplemente por desconocimiento o por la ausencia de control por parte de las administraciones.
Con el fin de profundizar en la protección pasiva, este artículo quiere focalizarse en las medidas con mayor impacto en el control de la propagación del incendio: sectorización (compartimentación en sectores de incendio) y limitación de la propagación interior y exterior. Su propósito es dotar al titular de una base básica de evaluación para determinar la adecuación y la conservación de prestaciones de dichas medidas en su edificio.
¿Cómo asegurar una adecuada protección pasiva en mi edificio?
El primer paso es identificar las medidas de protección pasiva de nuestro edificio y tratarlas como tal. A continuación, enumero las medidas más importantes y significativas, así como sus funciones principales y los elementos que la conforman.
Sectorización:
Se denomina sector de incendio a una zona interior de un edificio en la cual se puede confinar el incendio durante un periodo de tiempo determinado, para que este no se pueda propagar a (o desde) otros sectores mediante elementos constructivos delimitadores resistentes al fuego.
Si se supera la superficie máxima de un sector, se concentra más carga de fuego de la prevista y el edificio puede no responder como fue diseñado. Por ejemplo, un almacén que crece —por superficie o por cantidad de material almacenado— puede obligar a reforzar la protección: mejorar la resistencia al fuego de la estructura, ejecutar nuevos muros resistentes al fuego que definan un sector adicional y/o incluso la implementación de nuevos sistemas de protección activa.
Propagación interior:
En propagación interior se considera como grado de protección de resistencia al fuego de los elementos delimitadores del sector de incendio en todos sus puntos, incluido en los elementos que lo atraviesan. Es decir, se debe considerar que, en cualquier paso de instalación, de personas o de vehículos, que comunique dos sectores diferentes debe mantener el grado de protección requerido al paramento que atraviese.
Habitualmente es en este punto donde se detectan la mayor parte de anomalías referidas a las condiciones de protección. Para garantizar un adecuado grado de protección debemos considerar diferentes elementos:
a. Puertas contra incendios:
Posiblemente sea el elemento de protección pasiva más usual y reconocible en un edificio ya que son utilizados para el paso de personas o vehículos entre sectores diferentes, sin embargo, no siempre presentan una adecuada garantía de funcionamiento.
Se tiene que garantizar que toda puerta contra incendios se cierre de manera automática sin ayuda humana, para esto deben disponer de dispositivos de auto cierre y con selector de puerta en caso de tener dos hojas. Si estas puertas tienen que estar abiertas, deben instalarse dispositivos de anclaje como pueden ser retenedores/imanes enclavando su activación por medio de los sistemas de protección contra incendios, principalmente detección y alarma o rociadores, de los sectores de incendio contiguos.
En todo caso debe evitarse en todo caso el bloqueo de las puertas con elementos que eviten su cierre de manera autónoma, como pueden ser cuñas, cadena o almacenamientos que bloqueen su cierre.
Debe considerarse también que cualquier modificación en las puertas con respecto a las condiciones del fabricante afecta al grado de resistencia al fuego, como pueden ser golpes, daños en el marco, repintados o la ausencia de junta intumescente.
b. Pasos de instalaciones:
El paso de instalaciones a través de elementos delimitadores debe mantener el grado de protección en todos sus puntos, incluidos los espacios ocultos para todo tipo de paso, ya sea hueco o paso de instalación. Nos referimos a patinillos, bandejas de cables, galerías, tubería, canalizaciones, conductos, cintas transportadoras, etc.
Se debe garantizar que todos los huecos y pasos de instalaciones mantengan la misma resistencia al fuego que el elemento delimitador que atraviesan. Para ello, las bandejas de cables deben sellarse mediante sistemas intumescentes: las tuberías de plástico deben incorporar collarines y las tuberías rígidas, una obturación adecuada del hueco. En huecos que requieran paso, como sistemas de ventilación, pueden emplearse compuertas resistentes al fuego con accionamiento automático o proteger la instalación en todo su recorrido cuando discurra por otro sector.
Propagación exterior:
También es muy importante tener presente que la propagación de un incendio únicamente no es por el interior de las edificaciones, este puede también propagarse por el exterior a través de ventanas, puertas cercanas o claraboyas. La propagación exterior de un incendio entre dos sectores puede producirse, vía horizontal, vertical e incluso por cubierta.
A continuación, se detallan diferentes limitaciones a considerar para evitar la propagación exterior:
a. Limitación horizontal:
Para limitar la propagación exterior a través de la fachada entre sectores contiguos, la normativa indica mantener una distancia mínima entre aberturas pertenecientes a distintos sectores.
Cuando esta distancia no puede respetarse, las aberturas deben disponer de un grado de protección resistente al fuego o complementarse con salientes constructivos en continuidad con el elemento separador.
Asimismo, debe evitarse la existencia de almacenamientos combustibles próximos a fachada, ya que pueden favorecer la propagación del incendio.
b. Limitación vertical:
Para limitar la propagación vertical del incendio por fachada entre sectores situados a distintas alturas, debe considerarse la distancia vertical entre aberturas exteriores de sectores diferentes.
La normativa indica disponer una franja de protección con un determinado grado de protección resistente al fuego. Cuando no es posible respetar su altura, puede ejecutarse un saliente exterior en continuidad con el forjado que separa los sectores.
Este criterio es especialmente relevante en fachadas con materiales combustibles, como puede ser un sistema SATE, donde la franja debe prolongarse en cada encuentro de forjado. En fachadas con cámaras ventiladas es necesario incorporar barreras resistentes al fuego o elementos intumescentes en continuidad con los forjados para limitar la propagación vertical.
c. Limitación por Cubierta:
También debe considerarse la limitación de la propagación del incendio por la cubierta. Para ello, es necesario respetar una distancia mínima entre aberturas situadas en cubiertas o en encuentros entre cubierta y fachada de distintos sectores de incendio.
Cuando las cubiertas no disponen de medidas de protección resistente al fuego, puede optarse por ejecutar una franja de protección en el encuentro o prolongar el elemento delimitador del sector por encima de la cubierta. En los encuentros cubierta‑fachada, si no es posible mantener la distancia mínima, las aberturas deberán contar con protección resistente al fuego.
Conclusiones
Tras años realizando inspecciones de riesgo desde la perspectiva aseguradora con afección a la protección de daños y perdida de beneficio, he comprobado que medidas de protección pasiva no siempre se tienen presentes cuando aparecen nuevas necesidades operativas o se acometen reformas relevantes: redistribuciones interiores, cambios de uso, ampliaciones de almacenamiento o incluso actuaciones orientadas a la eficiencia energética.
De hecho, la mayoría de las anomalías no se detectan en edificios “en proyecto”, sino en edificios ya en explotación. Esto genera una sensación frustrante: la protección pasiva está bien concebida y correctamente ejecutada al inicio de la actividad, pero con el paso del tiempo —y, sobre todo, con la actividad diaria y las modificaciones sucesivas— sus prestaciones se degradan sin que nadie perciba las consecuencias que tiene. Puertas que dejan de cerrar, muros delimitadores perforadas por el paso nuevas instalaciones, sellados que desaparecen tras una reforma… pequeños cambios que, sumados, pueden anular la función de frenar la propagación de un incendio.
La paradoja es clara: la protección pasiva es menos visible, pero resulta crítica para limitar la propagación del fuego y del humo; minimizando daños, ganar tiempo para evacuar y facilitar la intervención. Por eso, más allá del cumplimiento inicial, el verdadero reto está en asegurar su continuidad en el tiempo: incorporar su verificación a la cultura de mantenimiento y, especialmente, al control de cambios.
Porque, en protección pasiva, el riesgo no siempre nace en el diseño; a menudo nace del “desgaste silencioso” del día a día.

Javier Rubio Vela. Ingeniero de Riesgos



