29/06/2026
En el contexto actual de transición ecológica y economía circular, las plantas de tratamiento de residuos sólidos urbanos (RSU) se han convertido en infraestructuras esenciales. Estas instalaciones reducen el volumen de residuos destinados a vertedero, recuperando materiales valorizables y posibilitando la producción de combustibles alternativos.
En los últimos años, han adquirido especial relevancia las plantas de generación y aprovechamiento del biogás producido en digestores de materia orgánica, ya sea para producción de energía o para su tratamiento y posterior inyección en la red de distribución de gas natural.
El sector del tratamiento de residuos presenta elevados índices de siniestralidad en comparación con otras industrias. El incendio destaca como el tipo de siniestro con mayor impacto económico, social y reputacional. Estudios de siniestralidad realizados en empresas lideres del sector de tratamiento de RSU confirman que los siniestros de Daños Materiales, que enmarcan los incendios, representan en algunos casos hasta el 92 % del coste total de la siniestralidad.
Particularidades de la actividad en cuanto al riesgo de incendio
- Naturaleza heterogénea del residuo.
La composición del residuo recibido condiciona de manera decisiva el riesgo. La coexistencia de fracciones orgánicas, materiales plásticos, textiles y elementos como baterías o aerosoles genera cargas combustibles irregulares y difíciles de caracterizar. Esta variabilidad puede acelerar la fase de desarrollo del incendio una vez iniciado. - Autocombustión y autoigniciones en acopios.
Las pilas de residuo, especialmente aquellas con alto contenido en orgánicos o papel, pueden experimentar procesos de autocombustión asociados a la degradación biológica y a la oxidación del material. Cuando estas pilas presentan altura significativa o compactación elevada, el calor puede quedar confinado y evolucionar hacia una combustión profunda, típicamente de aparición tardía y con escasa manifestación superficial en las fases iniciales. Este fenómeno es responsable de numerosos incendios que se detectan en estado avanzado.
La presencia de residuos impropios en la recogida selectiva puede provocar igniciones, como, por ejemplo, baterías de ion litio o botellas de gas a presión. - Generación de polvo combustible y riesgo de deflagración.
Las operaciones de trituración, cribado y manipulación mecánica producen cantidades considerables de polvo fino, capaz de comportarse como combustible altamente reactivo. En presencia de una fuente de ignición, estas partículas pueden originar incendios rápidos o pequeñas deflagraciones locales. - Maquinaria como vector de ignición.
Los equipos utilizados —trituradora, prensas, cintas transportadoras y maquinaria móvil— constituyen una de las principales fuentes de ignición. Entre los mecanismos más habituales destacan los sobrecalentamientos, los fallos eléctricos por acumulación de polvo, vibraciones o fricción y el impacto con materiales duros presentes en el residuo.
La conjunción de componentes calientes, material combustible y procesos continuos convierte a la maquinaria en un factor de riesgo. - Condiciones que limitan la prestación de los sistemas de protección contra incendio (PCI).
Los ambientes pulverulentos y la acumulación de suciedad propia de la actividad representan un desafío para los sistemas de PCI que incluso llegan a quedar deshabilitados en cortos plazos de tiempo tras su instalación.
Marcos de referencia para la PCI en España.
La normativa persigue como objetivos la seguridad de las personas (ocupantes de las instalaciones y bomberos que acuden a una intervención) y la limitación del daño a terceros. La protección de los bienes y la continuidad de la actividad no son objetivos explícitos de la normativa.
En España, la prescripción de medidas de PCI en plantas de tratamiento de residuos, así como en el resto de las actividades industriales, está regulada por el Reglamento de Seguridad contra Incendio en Establecimientos Industriales (RSCIEI).
El RSCIEI se basa en una metodología común para todas las actividades industriales, no adopta soluciones orientadas a los riesgos de cada tipo de actividad teniendo en cuenta sus procesos y su historial siniestral. La aplicación a las plantas de tratamiento de RSU ha conducido a soluciones dispares, el RSCIEI no parece un vehículo de uniformización de las estrategias de PCI para este tipo de plantas.
La adopción de medidas de PCI según la prescripción del RSCIEI no garantiza en si una protección eficaz. Para conseguir tal fin, deben considerarse los equipos apropiados para las condiciones particulares de las plantas de RSU. En caso contrario se cae en una falsa percepción de la seguridad debida a la implantación de sistemas que dejan de estar operativos en tales ambientes en plazos cortos tras su instalación o que no funcionan correctamente.
El mantenimiento de las instalaciones de PCI está regulado en el Reglamento de Instalaciones de Protección contra Incendio (RIPCI). Este reglamento establece una periodicidad mínima de inspecciones y pruebas, de manera general para todo tipo de edificios e instalaciones, sin diferenciar por el grado de severidad de sus ambientes.
Recientemente, CEPREVEN ha coordinado un grupo de trabajo formado por diferentes profesionales que ha producido guías de diseño de PCI en plantas de tratamiento de RSU. Estas guías recomiendan medidas por encima de la prescripción del RSCIEI, basadas en un conocimiento de sus riesgos específicos. Estas guías contemplan nuevas tecnologías como las cámaras termográficas adaptadas para detección de incendio, más robustas en ambientes agresivos, o nuevos sistemas de sectorización de cintas.
La ingeniería de Mapfre Global Risks en el tratamiento de RSU
Mapfre Global Risks participa en el aseguramiento de algunos de los grupos empresariales más importantes que se dedican a esta actividad en España. El equipo de ingeniería les asesora en la mejora de la gestión de sus riesgos, con especial énfasis en la PCI. Somos espectadores de la aplicación de la normativa y agentes de la mejora de nuestros asegurados.
Hemos constatado que las nuevas plantas han mejorado en cuanto a la dotación de equipos y sistemas de PCI respecto a las antiguas, aunque se han instalado equipos y sistemas ineficaces debido al ambiente agresivo. Las prácticas de mantenimiento siguen teniendo mucho campo de mejora, las periodicidades del RIPCI no garantizan una operatividad de los sistemas, siendo recomendable aumentar la frecuencia y contenido de las inspecciones y pruebas.
Iniciativas como la de CEPREVEN son valoradas como muy positivas. Sin embargo, dado que el sector se rige por contratos de concesión pública, sólo tendrá impacto si los pliegos de obras contemplan estas guías. La mejora de la PCI no podrá producirse si no se valoran desde la administración pública las mejoras en esta materia como una inversión y no sólo un mero coste.
Es de esperar que en los próximos años aumente la construcción de nuevas plantas de biogás. Este tipo de instalaciones se asemejan a una planta química más que a un establecimiento industrial en un entorno edificado para el que el RSCIEI está enfocado. Este reglamento no parece ser una herramienta eficaz para definir estrategias de PCI a un espacio donde el riesgo de explosión es también de especial relevancia.
Abordaremos este nuevo riesgo asesorando a nuestros clientes más allá del cumplimiento normativo, según nuestra experiencia y estaremos expectantes a posibles iniciativas como la de CEPREVEN.
Autorías:

Marta Padilla
Suscriptora de área de Daños de Mapfre Global Risks.
Javier Unanua
Ingeniero de Riesgos en el área de Ingeniería de Mapfre Global Risks.



