24/09/2026
Santo Domingo fue la primera ciudad colonial de América. Más de cinco siglos después, combina un valioso patrimonio histórico con una intensa actividad comercial, financiera y turística. Un dinamismo que también la expone a riesgos ligados a su ubicación geográfica.
Es uno de los principales destinos turísticos del Caribe. El aumento de visitantes extranjeros a “La Capital” —como es conocida por los lugareños— ha venido acompañado en los últimos años de algunos problemas de delincuencia, especialmente asaltos en zonas frecuentadas por turistas. No obstante, el refuerzo de la vigilancia y de los dispositivos de seguridad ha reducido su incidencia, por lo que la inseguridad no constituye hoy uno de los principales riesgos de la ciudad.
Aunque los servicios públicos y la protección social siguen siendo insuficientes, el Informe de Riesgos Globales 2026 destaca que la República Dominicana ha mantenido durante las últimas décadas un crecimiento económico sostenido, con una mejora evidente de las condiciones de vida.
En Santo Domingo, las autoridades pusieron en marcha en 2013 un programa integral de renovación urbana, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo, que no solo ha mejorado la calidad de vida de los habitantes de la capital, sino que también ha ampliado la oferta de alojamiento, restauración y ocio.
Estas actuaciones, junto con la estabilidad institucional del país, han reducido considerablemente la exposición a conflictos de carácter político y social. Sin embargo, su condición insular y su ubicación en el Caribe hacen que siga enfrentándose a importantes riesgos naturales, que exigen una atención constante por parte de las administraciones.
Vulnerable al cambio climático
La exposición a fenómenos meteorológicos extremos ha marcado la historia de la República Dominicana y se ha intensificado en los últimos años debido al aumento de la frecuencia e intensidad de episodios asociados al calentamiento global, como tormentas tropicales e inundaciones.
No obstante, todo el país es altamente vulnerable al cambio climático, incluidos los procesos de evolución lenta, como el aumento de las temperaturas o la degradación de los bosques, según advierte el Banco Mundial. Estos impactos afectan a sectores clave de la economía y de la sociedad, especialmente a las poblaciones más vulnerables.
De cara a 2050, el organismo prevé que el cambio climático reduzca la productividad laboral y perjudique la salud, el rendimiento de los cultivos, el turismo, las infraestructuras y los ecosistemas naturales, como los bosques y las zonas costeras. Un escenario que tendrá una incidencia especialmente significativa en Santo Domingo, la mayor área urbana del país, donde reside el 42% de la población dominicana, cerca de 4,6 millones de personas.
La creciente intensidad de estos fenómenos refuerza la necesidad de integrar la gestión del riesgo climático en la planificación pública y las inversiones durante los próximos años, con el objetivo de fortalecer la resiliencia del país y reducir su vulnerabilidad económica y social. Para ello será imprescindible desarrollar medidas preventivas y de mitigación por parte de las instituciones nacionales.
Exposición a huracanes
La evidencia científica apunta a que el calentamiento global está modificando el comportamiento de los huracanes, favoreciendo precipitaciones más intensas y aumentando la energía disponible para estos fenómenos debido al incremento de la temperatura de los océanos. Esta evolución, junto con la variabilidad climática natural, complica la previsión de sus impactos y eleva el potencial de daños.
La República Dominicana se encuentra, además, en pleno corredor atlántico de huracanes, una franja donde confluyen las condiciones ideales para la formación de ciclones tropicales. A ello se suma un clima cálido y húmedo y una temporada de lluvias que se extiende de mayo a noviembre, circunstancias que favorecen la evaporación del agua del mar, uno de los ingredientes esenciales para el desarrollo de estos sistemas.
Los huracanes han causado graves daños en la población dominicana a lo largo de la historia. El huracán David, en 1979, provocó la muerte de más de 2.000 personas y destruyó cerca del 70% de los cultivos del país. Años después, el huracán Georges, en 1998, dejó casi 300 fallecidos y pérdidas económicas superiores a los 2.000 millones de dólares.
Fuertes inundaciones
Las tormentas tropicales asociadas a los huracanes suelen provocar lluvias torrenciales que generan deslizamientos de tierra, desbordamientos de ríos e importantes inundaciones en toda la isla de La Española, donde se encuentra Santo Domingo. Incluso sistemas que no impactan directamente sobre el territorio dominicano pueden dejar precipitaciones muy intensas y causar efectos relevantes.
Sin embargo, las inundaciones se producen durante todo el año y no siempre están vinculadas a ciclones tropicales. En abril de este año, las fuertes lluvias obligaron a desplazar a unas 30.000 personas, dañaron alrededor de 100.000 viviendas y afectaron a infraestructuras críticas en distintos puntos del país.
En Santo Domingo, la elevada densidad urbana favorece además la aparición de condiciones microclimáticas específicas. Entre ellas destaca el efecto isla de calor urbana, por el que las temperaturas son más altas que en las zonas rurales próximas debido a la acumulación de calor en edificios y superficies pavimentadas. Cuando este fenómeno coincide con elevados niveles de humedad, favorece la formación de nubes convectivas y lluvias especialmente intensas. De ahí que ciudades tropicales costeras como la capital dominicana hayan sufrido episodios especialmente destructivos, como los registrados en noviembre de 2022 y 2023.
Los expertos también advierten de que el crecimiento urbano de Santo Domingo ha sido más rápido que el desarrollo de sus infraestructuras. La expansión de grandes barrios sin sistemas de drenaje pluvial diseñados para soportar esa densidad de población ha incrementado tanto la frecuencia como la gravedad de las inundaciones.
Medidas establecidas
Ante esta situación, en 2024 se puso en marcha el Plan de Adaptación a Inundaciones Influenciadas por el Cambio Climático en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. El programa contempla medidas como la implantación de sistemas urbanos de captación de agua, drenaje por percolación y la rehabilitación de calzadas para aumentar la permeabilidad del suelo en el centro histórico.
Asimismo, el Gobierno de la República Dominicana ha reforzado de forma significativa su preparación frente a estos fenómenos mediante planes nacionales de contingencia que se revisan cada año. La actualización de 2026 incorpora nuevas infraestructuras de vigilancia meteorológica, una red de más de 2.700 albergues, protocolos especiales con drones, sistemas de videovigilancia y refuerzo de las radiocomunicaciones, además de una coordinación interinstitucional que implica a más de una veintena de organismos públicos.
El país cuenta, además, con un organismo específico para coordinar la prevención y respuesta ante grandes emergencias: el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), dependiente del Ministerio de la Presidencia. Este organismo planifica y dirige las actuaciones de preparación, respuesta y recuperación ante desastres, emite las alertas oficiales y coordina la actuación conjunta de instituciones públicas, entidades privadas y servicios de emergencia frente a fenómenos de origen natural.



