06/05/2026
Los centros de datos, pilares de la economía digital, están creciendo rápidamente debido al auge de la inteligencia artificial (IA). Ante su expansión imparable, resulta clave analizar y comprender el impacto ambiental que conlleva este desarrollo tecnológico.
Como señala la Agencia Internacional de la Energía (AIE), no hay inteligencia artificial sin energía: su desarrollo depende directamente de un suministro eléctrico abundante, fiable y sostenible. Los servicios en la nube son ya infraestructura crítica para la sociedad, casi comparable a redes eléctricas o carreteras. En los últimos años, la demanda de servicios digitales ha crecido de forma exponencial, pero la irrupción de la inteligencia artificial ha acelerado aún más esta tendencia. Entrenar modelos avanzados y ejecutar sistemas de IA requiere una capacidad de cálculo muy superior a la de las aplicaciones tradicionales.
Según el informe ‘Decarbonizing Data: Strategic considerations for data center sustainability in the AI era’ de Seagate, la demanda energética de los centros de datos podría triplicarse para 2030. Este mismo análisis señala que los centros de datos deben afrontar tres grandes retos:
- escalar su potencia de cálculo y almacenamiento,
- reducir los costes totales y
- cumplir con los objetivos de sostenibilidad.
Más del 90% de las empresas ya necesitan más capacidad de almacenamiento. Como consecuencia, también crece el impacto ambiental de los centros de datos, cuyo consumo energético podría llegar a representar hasta el 8% de las emisiones globales en 2030. Según la AIE, en la actualidad representan aproximadamente el 1,5% del consumo total, que ha crecido a un ritmo del 12% anual durante los últimos cinco años.
Las previsiones apuntan a un aumento aún mayor: el consumo eléctrico de los centros de datos podría superar los 945 TWh en 2030, una cifra ligeramente superior al consumo actual de países como Japón. Este crecimiento está impulsado principalmente por la inteligencia artificial, que exige una capacidad de procesamiento cada vez mayor.
En países como Irlanda, que se ha consolidado como uno de los principales polos europeos de infraestructura digital y un destino estratégico para la inversión en centros de datos, ya consumen más del 20% de la electricidad nacional. Y a nivel global, su consumo podría superar los 1.000 TWh en la próxima década, una cifra comparable al consumo eléctrico de países enteros. Además, un solo centro de datos de gran escala puede consumir tanta energía como una ciudad mediana. Esto se debe a dos factores principales: la potencia de cálculo de los servidores y la necesidad constante de refrigerarlos.
El impacto ambiental más allá de la electricidad
El mundo en general, y la Unión Europea en particular, han fijado ambiciosos objetivos de eficiencia energética. Entre ellos, reducir el consumo final de energía al menos un 11,7% para 2030 en comparación con las proyecciones de 2020. Sin embargo, la expansión de los centros de datos está generando tensiones en infraestructuras energéticas locales, obligando a reforzar redes, acelerar inversiones y replantear la planificación energética.
De hecho, la AIE ya ha advertido de que hasta un 20% de los proyectos de centros de datos previstos podrían retrasarse debido a la saturación de las redes eléctricas y a los largos tiempos de conexión. En muchas economías avanzadas, la construcción de nuevas infraestructuras energéticas puede tardar años, lo que añade complejidad al crecimiento del sector.
Según un artículo publicado por la Dirección General de Energía de la Comisión Europea, el desafío que plantean los centros de datos no se limita a su creciente demanda de energía. También tienen un impacto ambiental y climático considerable.
Y es que su marca no se limita al consumo energético: también tiene una huella de carbono significativa. Otro factor relevante es la gran cantidad de agua que necesitan para la refrigeración. Muchos centros de datos emplean sistemas que requieren grandes volúmenes de agua, especialmente en climas cálidos. En algunas regiones, esto podría generar tensiones con el suministro local, sobre todo en zonas con estrés hídrico.
Tecnología para reducir el impacto
A pesar de los desafíos, también existen oportunidades para mitigar este impacto. De hecho, la misma tecnología que provoca el problema podría contribuir a su resolución.
Según un informe elaborado por investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid junto a la Universidad de Melbourne, es posible reducir el consumo energético y la huella de carbono sin comprometer la calidad del servicio mediante soluciones basadas en inteligencia artificial y gestión integrada. Estas tecnologías permiten optimizar el uso de recursos, anticipar picos de demanda y mejorar la eficiencia de los sistemas de refrigeración.
Además, el desarrollo del sector energético será clave. Según la Agencia Internacional de la Energía, aproximadamente la mitad del crecimiento de la demanda eléctrica de los centros de datos se cubrirá con energías renovables, aunque también será necesario recurrir a fuentes gestionables como el gas natural y, en algunos casos, la energía nuclear.
Entre las soluciones tecnológicas que están surgiendo destacan los sistemas de refrigeración líquida, la ubicación de centros de datos en climas fríos o la reutilización del calor residual.
Regulación y conflicto sectorial
Ante este escenario, desde Europa se está intensificando la regulación, que ya exige reportar en muchos casos indicadores como consumo energético, uso de agua o eficiencia operativa. Sin embargo, esta mayor intervención está generando tensiones. Los operadores reclaman acceso rápido a energía, marcos regulatorios estables y condiciones competitivas en un mercado global. En paralelo, las administraciones deben garantizar la estabilidad de la red, gestionar recursos limitados y cumplir los objetivos climáticos.
Este equilibrio es complejo, y en medio del debate los centros de datos están dejando de ser infraestructuras puramente privadas para convertirse en un elemento estratégico de la geopolítica lobal, cada vez más ligado a las potencias económicas mundiales.



