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Panorama económico y conflicto en Oriente Medio

21/07/2026

Revisar el pasado también es una forma de entender el presente y anticipar el futuro. En su intervención en las Jornadas Internacionales de Mapfre Global Risks, José Luis Jiménez propone una breve lección de historia para afrontar mejor la incertidumbre.

El escenario geopolítico y económico internacional está marcado por la incertidumbre. Los conflictos, la lucha por el control de recursos estratégicos y la creciente tensión comercial están redefiniendo las hegemonías globales.

Un año más, José Luis Jiménez, CFO de Mapfre, ofreció una visión de conjunto durante las Jornadas Internacionales de Mapfre Global Risks, celebradas en Cáceres. En esta ocasión, su intervención partió de algunos paralelismos históricos para analizar las claves geoeconómicas de la crisis en Oriente Medio y sus posibles efectos sobre la energía, el comercio, las cadenas de suministro y los mercados financieros. Una historia que muestra cómo las rivalidades entre potencias, el acceso a recursos y los intereses económicos han condicionado los conflictos a lo largo del tiempo.

Cuando la geopolítica está marcada por la economía

Las disputas políticas e ideológicas esconden, muchas veces, una pugna por recursos, rutas comerciales o posiciones estratégicas. “Hay una mezcla entre el poder y el dinero, pero normalmente siempre la razón económica, la razón geoeconómica está ahí”, afirmó Jiménez al comienzo de su intervención.

Como ejemplo, el experto echó la vista atrás hasta la Primera Guerra Púnica (264–241 a. C.), cuando Roma y Cartago se enfrentaron por el control de Sicilia. La isla, además de su importancia geográfica, era un territorio clave por sus recursos agrícolas y por su posición en las rutas comerciales del Mediterráneo. El conflicto reflejaba así cómo los intereses económicos pueden estar detrás de disputas aparentemente políticas o militares.

Más de dos mil años después, esta relación entre economía y conflictos sigue vigente. De ahí surge un término hoy cada vez más utilizado: la geoeconomía, que se refiere al uso de los recursos, las relaciones comerciales y las dependencias económicas como herramientas para alcanzar objetivos políticos.

En Oriente Medio, esta dimensión resulta especialmente visible en el estrecho de Ormuz. Por él circulaba, antes de la guerra contra Irán, cerca de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo, según la Agencia Internacional de la Energía. El cierre del estrecho ha afectado directamente al suministro y ha contribuido al aumento de los precios, hasta el punto de que la AIE ha reclamado su reapertura y ha advertido de una caída de la oferta mundial de crudo.

El impacto real de la incertidumbre

Un escenario geopolítico extraordinariamente incierto no siempre encuentra una respuesta proporcional en los mercados financieros. Jiménez mostró distintos indicadores de incertidumbre y subrayó el elevado nivel de preocupación existente tanto en la economía mundial como en el comercio, agravado por la guerra.

Los efectos económicos no se limitan a los países implicados: afectan a la energía, al comercio, a la inversión, al gasto público y a las cadenas de suministro. El petróleo es uno de los principales termómetros de esta situación. Sin embargo, pese a la magnitud de la disrupción, su precio se mantiene por debajo de los niveles alcanzados durante otras grandes crisis. El aumento de la producción de países fuera del Golfo y las liberaciones de reservas estratégicas han permitido compensar parte de la pérdida de suministro, aunque la recuperación completa no es inmediata.

La dimensión de la disrupción ayuda a entender el problema. Según los datos mostrados por Jiménez, el conflicto afecta a unos 20 millones de barriles de petróleo diarios, alrededor del 17% de la oferta mundial, frente al 7% que llegó a verse afectado durante la revolución iraní de 1979. “Hay una dependencia energética”, aseguró, al referirse a la vulnerabilidad de unas cadenas de suministro cada vez más interconectadas.

A pesar del escenario, la reacción de los mercados financieros ha sido relativamente contenida. Jiménez destacó que la Bolsa estadounidense retrocedió tan solo un 6%, lejos de lo que se considera una corrección. En el mercado de bonos, los diferenciales de crédito se mantuvieron bajos. “Si el mercado de bonos estornuda, la Bolsa se constipa”, resumió para explicar que es el primero el que marca la pauta en los mercados financieros.

La aparente contradicción entre la incertidumbre económica y el comportamiento de los mercados es, precisamente, uno de los elementos que más preocupa al experto. A ello se suma el elevado endeudamiento: la deuda de las economías desarrolladas se aproxima al 110% del PIB, frente a alrededor del 70% hace treinta o cuarenta años, mientras que los déficits públicos se mantienen en torno al 5% y las previsiones apuntan a que persistirán próximamente.

Un futuro difícil de calibrar

Predecir cómo evolucionará el conflicto de Oriente Medio es complejo. Jiménez recurrió a la teoría de juegos para plantear tres posibilidades: escalada, negociación o contención. Para el experto, la cooperación es posible, pero alcanzar un acuerdo es complicado. Los intereses de los distintos actores no siempre coinciden y, en su opinión, eso dificulta alcanzar la estabilidad.

A corto plazo, el experto considera que no podemos saber lo que va a ocurrir. A largo plazo, cambia su perspectiva y apuesta por el optimismo, recordando a John Maynard Keynes y su célebre ensayo ‘Las posibilidades económicas de nuestros nietos’, escrito en 1930, en plena Gran Depresión. Frente al pesimismo de aquel momento, Keynes imaginó cómo sería el mundo cien años después y llegó a plantear que la renta podría multiplicarse entre cuatro y ocho veces gracias a la acumulación de capital y al crecimiento exponencial asociado al interés compuesto.

Su visión es llamativa teniendo en cuenta que esta predicción partía de un mundo que no conocía los semiconductores, los antibióticos, la energía nuclear, internet o la inteligencia artificial. Sin embargo, entendía que la capacidad humana para generar conocimiento y productividad podía transformar radicalmente las condiciones de vida. Hoy nos asomamos al futuro sabiendo que las posibilidades son infinitas.

Jiménez recuperó también una idea del filósofo David Deutsch, y de su obra ‘The Beginning of Infinity’, publicada en 2011, según la cual los problemas son inevitables, los problemas tienen solución y las soluciones crean nuevos problemas. Esta secuencia encaja con la historia económica y con el momento actual: cada avance genera nuevos desafíos, pero también nuevas posibilidades. El cierre del experto fue esperanzador. “Optimista no significa ser el loco que compra un boleto de lotería y piensa que le va a tocar: consiste en imaginar un futuro mejor y trabajar para hacerlo posible”, concluyó.

 

Desde Mapfre Global Risks te invitamos a leer este artículo de Javier Caamaño y no te pierdas la ponencia de José Luis Jiménez en las Jornadas Internacionales Mapfre Global Risks.

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