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Vulnerabilidad de las costas ante el cambio climático

El litoral terrestre se ha ido revalorizando con el cambio de costumbres humanas, que utiliza en ocasiones métodos de explotación que alteran su esencia. Esta situación pone en peligro de desnaturalización a la última frontera del territorio, colocándola al borde de una emergencia climática.

Una de las huellas más perceptibles del cambio climático en el planeta se da en el litoral, tanto del margen terrestre como marítimo. Las causas de este impacto son tanto naturales como generadas por el hombre, tal y como explica Vicente Negro, ingeniero e investigador en la materia para la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). De las primeras, las principales serían:

      • Oleaje, corrientes, marea y viento, que en múltiples casos producen arrastres y erosiones costeras.
      • Sobreelevación secular del nivel medio del mar, que está produciendo, lentamente, pero de manera perceptible, una invasión marina de algunas zonas costeras.
      • Desertización y sequía, que rompen los ciclos de realimentación sedimentaria por aporte fluvial másico de materiales sólidos de origen terrestre.

A estas se añaden las causas propiciadas por las costumbres humanas, que van “desde la ocupación abusiva de este contacto tierra–mar (por presiones turísticas, urbanísticas, comerciales o industriales), a la extracción masiva de áridos que rompen el equilibrio natural del sistema o la construcción desproporcionada de diques y puertos”, explica el experto.

Para evaluar la vulnerabilidad de las costas y su capacidad de recuperación existen tres palabras que se consideran claves: prevención, mitigación y adaptación. “Es preciso que la población comprenda la sensibilidad de estos sistemas y la necesidad de conservarlos”, asegura Negro.


Fortalezas y debilidades costeras

Vicente Negro apunta al incremento de la temperatura media del planeta como resorte de las principales amenazas al litoral. “En una situación sin actuación pueden darse escenarios con aumento de 4,5° para el 2100, haciendo la vida en muchos lugares inviable. A eso se debe añadir la subida del nivel del mar, que hasta 1993 había sido de 10 cm y la previsión más optimista para el 2100 es de casi medio metro”, afirma. Otros peligros que podrían tener una incidencia dramática es la progresiva acidificación del agua oceánica, la pérdida de las masas polares y la frecuencia de los fenómenos extremos, donde España ha sido un claro ejemplo con sucesos como la tormenta Gloria en 2020 o la Filomena en 2021. “Su impacto sería evidente: pérdida de ecosistemas, estrés hídrico, desaparición de flora y fauna, la pérdida de islas y atolones y la degradación ambiental de un planeta azul que se transforma en islas de plástico, vertidos indiscriminados, contaminación y falta de compromiso colectivo”, añade el experto, que aporta algunas de las claves que pueden marcar su evolución en positivo y en negativo:

FORTALEZAS

          DEBILIDADES
Fuerte tirón nacional e internacional
(si existe apoyo en la mitigación de riesgos y adaptación)

Pérdida de la línea costera por erosión, inundación y progresiva subida del nivel del mar

Cultura recreativa y de ocio

Dificultad de adaptarse al turismo inteligente

Innovación en la mejora de los alojamientos

Materiales de construcción y estructuras “calientes”

Mundo global, ofertas de grandes cadenas hoteleras

Abastecimiento para una población humana excesiva

Clave en las de redes logísticas y de transporte

No hay soluciones frente a eventos extremos

Fomento del desarrollo económico

Lejos de alcanzar una actividad sostenible

Mejora en la competitividad y mayores oportunidades laborales

Escaso saneamiento para una población humana excesiva

Playas de calidad adaptadas

Cuencas hidrográficas con estrés hídrico

Modelo sol–playa–mar

Frágil línea árida y desértica

“El modelo de costas debe anticiparse, en la medida de lo posible,
contribuyendo a la descarbonización, a
la protección de la biodiversidad
y a la reducción de residuos”

 Adaptación ante la incertidumbre climática

El calentamiento progresivo, que ya afecta a materiales de construcción y estructuras estratégicas, evidencian la necesidad de diseñar infraestructuras con modelos dinámicos, sostenibles y seguros. “Las inundaciones, tormentas y huracanes tan extremos tienen un impacto devastador en viviendas y muy duradero en las redes de transporte, comunicación y suministro de agua. A escala mundial, puede darse una pérdida de franja costera tan ingente que requiera obras de abrigo para la contención de la subida del nivel del mar o el encauzamiento de dimensiones gigantescas para controlar las avenidas de las grandes tormentas o los efectos de los huracanes de categoría 4 y 5”, advierte el profesor, que insiste en que el modelo de costas deben anticiparse en la medida de lo posible, contribuyendo además a la descarbonización, la protección de la biodiversidad y la reducción de residuos y contaminación.

 

Reflexión sobre la situación de España

Vicente Negro apunta, a modo de conclusión y visión de futuro, que “España es el país europeo más vulnerable al cambio climático. El pasado de verano fue el más cálido de la serie histórica iniciada en 1961. Desde 1950, siete de los diez veranos más tórridos se han vivido este siglo. En las últimas tres décadas ha habido un incremento superior a un grado de la temperatura media, estando previsto que superará este valor para 2095”.

El impacto de estos alarmantes indicadores se ve en la progresiva subida del nivel del mar, en la pérdida de masa forestal y en la sequía, que “deja nuestras cuencas hidrográficas en estrés, situación que también están evidenciando” otros países de Europa, y “según el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, nuestro riesgo de desertización durante este siglo superará el 75%”. En este contexto, los esfuerzos compartidos por combatir las emisiones nocivas al planeta son imperativos, en todos los sectores y actividades económicas, que finalmente repercuten en la situación costera, una de las zonas geográficas más vulnerables.

 

Breve perfil del entrevistado


Vicente Negro es Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos por la Universidad Politécnica de Madrid y Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, además de Catedrático adscrito al Departamento de Ingeniería Civil. A nivel investigador, es director del Grupo de Investigación reconocido por la UPM “Environment, Coastal and Ocean research Laboratory ECOREL – UPM.

 

 

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