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Un mundo complejo: análisis geopolítico

Los avances tecnológicos, las nuevas estrategias comerciales y un panorama político cada vez más fragmentado marcan una realidad compleja, desde la que Europa trata de mantenerse cohesionada en la defensa de sus intereses y valores. El director del centro de pensamiento político European Council on Foreign Relations en Madrid, José Ignacio Torreblanca, realizó un incisivo análisis de la situación durante su participación en las últimas Jornadas Internacionales celebradas por MAPFRE Global Risks.

José Ignacio Torreblanca, profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, dirige desde hace más de 15 años la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations (ECFR), un centro de pensamiento europeo que trata de estructurar estrategias en torno a una Europa más unida y firme, cohesionada en la defensa de sus intereses y valores en el mundo. En concreto, la labor de Torreblanca está centrada en el área de tecnología y geopolítica. “En los últimos años he estado trabajando con el convencimiento de que innovaciones como la digitalización son un gran distribuidor de poder, un disruptor dentro y fuera de los estados miembros”, asegura.

Los acuerdos internacionales y las estrategias comerciales vigentes —principalmente en el ámbito energético—, que hacen a las regiones interdependientes, se han traducido en vulnerabilidades en el contexto bélico actual. “Frente a la idea de una guerra fría, donde los dos bloques están aislados unos de otros y sus interacciones son muy reducidas, se han convertido en instrumentos de poder para coaccionar la política exterior”, apunta.

El ECFR ha trabajado durante el último año junto a la Comisión Europea en la elaboración de un borrador de la estrategia exterior digital de la UE, con el que ganar posiciones entre los líderes en innovación y superar su dependencia tecnológica —tan comprometida como la energética—. “Una parte importante de esta hoja de ruta impulsará una alianza digital con América Latina que precisa de un apoyo presupuestario. Ha de ser un acuerdo de mercados, en democracia y también de valores”, afirmó.

 

Un nuevo régimen mundial

La guerra de Ucrania ha alterado el orden global, afectando a cadenas de suministro y haciendo que se resientan los acuerdos internacionales. “Desde el punto de vista de la UE, vemos que, en la búsqueda de una soberanía y autonomía estratégica, el mundo se dirige inevitablemente hacia un régimen muchísimo más fragmentado donde es muy difícil operar. Transitamos de una realidad basada en reglas a una fundamentada en el poder”, explicó Torreblanca.

El experto en relaciones internacionales destacó algunas tendencias que están marcando este devenir: la transición de poder global desde el punto de vista político entre Estados Unidos y China —lo que supone la acomodación del resto de países—, la fragmentación del orden liberal económico internacional —con tendencias proteccionistas— y la erosión de las democracias. “Cuando combinamos estos tres elementos, nos encontramos con un orden liberal muy debilitado, con el que hemos vuelto a la política de poder, las esferas de influencia y las ideas de soberanía limitadas”, aseveró.

“Tenemos una división dentro del territorio,
entre un eje alemán más proteccionista que la media
y una serie de partidarios por la llamada ‘autonomía estratégica abierta'”


Estrategia europea contingente

Todos estos conflictos internacionales colocan a la Unión Europea en la posición de convertirse o no en un polo de referencia, un estabilizador global que genere normas multilaterales en el ámbito de la tecnología y del comercio. “Técnicamente no es beligerante, pero los paquetes de sanciones que adopta son vistos como una agresión. Por lo tanto, la región está en guerra económica”, expuso el experto.

Otro de los frentes abiertos es el del cambio climático, también objeto de disputa. Con la transición energética, muchos países perderán su principal poder, basado en el mercado de petróleo, gas natural o carbón. “Los europeos hemos decidido desarmarnos unilateralmente de combustibles fósiles, pero si tenemos que imponer a los demás el coste con mecanismos de ajuste en frontera habrá tensiones geopolíticas”, advirtió.


Un complejo escenario comercial

Durante la pandemia del Covid-19, las transacciones tecnológicas despuntaron con un incremento del flujo de bienes y servicios digitales. “Sin embargo, cada vez hay más limitaciones”, apuntó el experto. “El índice que mide las restricciones al comercio online a lo largo de más de 100 categorías indica que hay más fragmentación. Por supuesto, con China a la cabeza. Estados Unidos sigue siendo, junto con Nueva Zelanda, Islandia, Noruega, Irlanda y Hong Kong, uno de los países más abiertos”.

En Europa empieza a haber tensiones sobre la soberanía de los datos y la actividad virtual. ¿Bajo qué condiciones se da? ¿Cómo pueden operar otras plataformas en la región sin adherirse a determinadas normas? “Tenemos una división dentro del territorio, entre un eje alemán más proteccionista que la media y una serie de partidarios por la llamada autonomía estratégica abierta, en el intento de que las ganancias no se logren a costa de la innovación o los flujos internacionales”, reveló Torreblanca. En este debate, que se prolongará durante los próximos años, serán determinantes las relaciones internacionales. “Antes de la Organización Mundial de Comercio, las sanciones venían determinadas por el antidumping, por ejemplo. Ahora son extraterritoriales o carecen de justificación económica”, advirtió.

¿Cómo se van a resolver todos estos litigios cuando están puramente basados en razones de seguridad nacional o de interés geopolítico? “Estados Unidos tiene a 29.000 personas o entidades sancionadas en el mundo por razones políticas. La Unión Europea, 15.618. Estamos continuamente volviendo a utilizar los instrumentos económicos y comerciales por razones de política exterior y, por lo tanto, introduciendo disrupciones muy importantes en muchos sectores económicos que incluyen a muchísimos países”, atestiguó.

“Esa idea de que las redes sociales iban a ayudar a la democratización, como pensamos durante la Primavera Árabe, se ha dado la vuelta y nos ha colocado a los ciudadanos a la defensiva”


En busca del liderazgo digital

En la actualidad asistimos a una competición técnica y especializada entre Estados Unidos y China. Sin embargo, casi ninguna compañía europea participa en la pugna. Cada tecnología genera su propio orden geopolítico. Cuando comercias con combustibles fósiles, el control de las extracciones, los gasoductos y los transportes marítimos son fundamentales. Cuando tu economía está basada en tecnologías digitales, la percepción cambia. Los grandes actores no son Arabia Saudí o Rusia, sino Alphabet o Microsoft. En lugar de las líneas de navegación marítima, importan los cables submarinos.

“Hasta ahora nadie se había preocupado de quién los controlaba o por dónde pasaban. Ahora hemos tomado conciencia de que la mayor parte de la red de comunicaciones está en manos de Estados Unidos, aunque China está creando la suya propia para transportar sus datos y establecer vínculos con otros países”, explica Torreblanca sobre estos elementos de penetración importantísimos desde el punto de vista geopolítico y en la lucha entre esferas de influencia. En este contexto, América Latina tiene un importante potencial para convertirse en proveedor estratégico de los nuevos materiales de una economía digital que está en transición.

 

La erosión de las democracias

El ámbito digital se ha convertido en un factor importante de la desestabilización de las democracias a partir del desorden de los espacios informativos, alentados por las vulnerabilidades de plataformas virtuales y de las redes sociales, que han acabado ejerciendo como medios de comunicación sin control, con modelos de negocio basados en captar la atención en vez de en generar noticias fiables. “El porcentaje de personas que piensa que las democracias o los gobiernos electos lo fueron legítimamente se ha reducido enormemente”, manifiesta el experto. Estas operaciones de influencia y desinformación debilitan la confianza de los ciudadanos en sus gobiernos e instituciones.

Esta tensión se acrecentó durante la pandemia, con escenas surrealistas. “Hemos visto cómo se han quemado torres de 5G en Reino Unido porque había gente convencida de que interactuaban con el chip que te insertaban cuando te vacunan”, recordó. La regulación de estos fenómenos y redes globales es muy complicada aunque, afortunadamente, se están empezando a dar pasos en sistemas de control efectivo por parte de las grandes compañías tecnológicas. “Esa idea de que las redes sociales iban a ayudar a la democratización, como pensamos durante la Primavera Árabe, en el sentido de que iban a hacer más posible la oposición y la contestación, se ha dado la vuelta y nos ha colocado a los ciudadanos a la defensiva”, concluyó.

 

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