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Grandes ciudades, grandes riesgos: París

Cristina Leon Vera | 28/01/2026

París es un ejemplo histórico de cómo el urbanismo y la inversión pública puede determinar en gran medida el bienestar del ciudadano. Sin embargo, pese a ser una de las grandes capitales europeas, no está exenta de riesgos climáticos, sociales y económicos.

A lo largo de su historia, la ciudad ha sido pionera en la adopción de medidas innovadoras: desde la reestructuración urbanística impulsada por Haussmann y las redes de saneamiento de Belgrand, hasta las iniciativas más recientes para afrontar las olas de calor, como los refugios climáticos, la expansión de zonas verdes o las restricciones al tráfico. No obstante, y a pesar de estos avances, la capital francesa encara hoy un conjunto creciente de amenazas que requieren políticas coordinadas y recursos sostenidos.

 

Calor extremo: un riesgo creciente

Las olas de calor —cada vez más intensas en gran parte de Europa— tienen en París un impacto humano y sanitario especialmente elevado. Los balances oficiales atribuyen miles de muertes a episodios de calor extremo, además de decenas de miles de consultas e ingresos vinculados a las temperaturas. Las cifras evidencian que la adaptación climática sigue siendo un reto.

Los servicios meteorológicos nacionales advierten de una tendencia clara: el calentamiento global provocará olas de calor más frecuentes, más severas y más prolongadas en todo el territorio francés y, de forma notable, en la región parisina. A ello se suman efectos asociados como el aumento del estrés térmico urbano, el incremento de la demanda energética para refrigeración y la presión añadida sobre hospitales y centros de atención primaria.

 

Crisis de suministros

El crecimiento de la demanda energética puede manifestarse tanto en picos de consumo como en apagones puntuales. París debe prepararse para ambos escenarios. Y no es el único recurso crítico con riesgos asociados.

El agua supone un desafío por dos motivos opuestos. Por un lado, el calor está intensificando las sequías, comprometiendo el suministro y diversos usos urbanos. Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) alerta del elevado coste económico que podría acarrear una sequía severa, capaz de poner en jaque la economía metropolitana.

Por otro lado, las lluvias, breves pero intensas, elevan el riesgo de crecidas del Sena, con potencial para causar daños significativos en infraestructuras y patrimonio. De hecho, estudios y autoridades regionales destacan estas crecidas como uno de los principales riesgos naturales de la Île-de-France, lo que subraya la necesidad de planes territoriales, cartografías actualizadas y medidas de prevención robustas. Este “riesgo dual” del agua exige infraestructuras flexibles, gestión integrada entre municipios y estrategias de protección de instalaciones críticas frente a inundaciones.

 

Amenazas sociales y económicas

Aunque París presenta indicadores socioeconómicos superiores a la media nacional, una parte significativa de su población vive en situación de precariedad . Según los datos oficiales del INSEE (Instituto Nacional de Estadística de Francia) y del Atelier Parisien d’Urbanisme (APUR), en 2021, el 18,3 % de la población de la Métropole du Grand Paris vivía por debajo del umbral de la pobreza. Esto equivale a aproximadamente 1,23 millones de personas. A esta cifra se suman unas 260.000 personas adicionales situadas en lo que el INSEE denomina el “halo de la pobreza”, es decir, personas que no están oficialmente bajo el umbral, pero viven en fuerte precariedad económica. Estos grupos son especialmente vulnerables frente a las olas de calor, los fallos de suministro o el aumento del coste de la vida. Por ello, las políticas climáticas deben incluir un componente social sólido: mejora de viviendas, acceso equitativo a sistemas de climatización y apoyo a la resiliencia comunitaria.

Las grandes inversiones en infraestructuras proporcionan beneficios claros, pero también generan sobrecostes y tensiones presupuestarias que pueden limitar la capacidad de respuesta ante otras crisis. En la actualidad, uno de los mayores proyectos es Grand Paris Express, que prevé duplicar el tamaño actual de la red de metro, siendo la iniciativa de transporte más grande de Europa.

La ciudad y la región también muestran sensibilidad ante perturbaciones derivadas del turismo masivo, la movilidad o la volatilidad del mercado inmobiliario. Para mitigar estos riesgos es fundamental disponer de reservas financieras, análisis prudentes de costes y beneficios en infraestructuras críticas y planes de continuidad operativa en sectores esenciales como transporte, turismo o comercio local.

 

¿Qué se está haciendo y qué falta?

París depende de redes esenciales —sanitarias, energéticas y de transporte— cuya continuidad puede verse comprometida por ciberataques, huelgas o fallos en la coordinación entre Estado, región y municipio. La fragmentación administrativa del área metropolitana exige planes conjuntos de emergencia, pero la capacidad operativa real sigue siendo limitada. Modernizar los sistemas de alerta y reforzar la protección física y digital de las infraestructuras críticas es una prioridad.

La ciudad dispone de herramientas como el Plan del Clima, las redes de refugios climáticos, los mapas de riesgo de inundación o los dispositivos de vigilancia meteorológica y sanitaria. Estos instrumentos evidencian su capacidad técnica, pero también la necesidad de ampliar recursos, mejorar la financiación y avanzar simultáneamente en mitigación y adaptación.

La capital francesa tiene historia, experiencia y recursos para adaptarse, pero los riesgos se entrelazan y se amplifican: el calor extremo que golpea a los más vulnerables, las tensiones en el suministro de agua y energía, las presiones económicas que limitan el margen de maniobra o los desafíos operativos que exigen una coordinación más eficaz. El gran reto para la ciudad es pasar de la planificación a la inversión sostenida y garantizar una protección equitativa.

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