31/03/2026
La capital de Perú es una ciudad cosmopolita, con una variada oferta turística y una destacada gastronomía. Su paisaje urbano combina casonas coloniales con modernos desarrollos urbanísticos. Sin embargo, también enfrenta amenazas naturales y diversas presiones de carácter urbano, social y económico.
Al igual que muchas otras importantes metrópolis en América Latina, la ciudad de Lima ha experimentado un gran crecimiento demográfico, dibujando una ciudad activa y bulliciosa. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), ya supera los 10,4 millones de habitantes y dicha concentración está suponiendo grandes desafíos. La creciente demanda de vivienda, servicios y movilidad representa un auténtico reto, especialmente por la expansión irregular y la ocupación de zonas de riesgo.
Esto no solo afecta al urbanismo, sino que también expone a un mayor número de personas a amenazas de toda índole, como sismos, inundaciones o cortes de servicios, tal y como previene el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED). Estos son algunos de los riesgos de esta pujante urbe.
El agua, necesidad y amenaza
Por su ubicación geográfica, Perú es un país altamente vulnerable al cambio climático. El Ministerio del Ambiente del Perú y el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú, SENAMHI, advierten sobre los fenómenos que más afectan a su capital, como variaciones en las precipitaciones —tanto por exceso como por escasez—, disminución de caudales en ríos que abastecen a Lima —Lurín, Rímac o Chillón— y una mayor frecuencia de eventos extremos.
La disponibilidad de agua en Lima depende en buena medida de los caudales estacionales, así como de la gestión de cuencas altoandinas. Algunos estudios realizados por el INEI, basados en datos del SENAMHI, muestran fluctuaciones en la producción de agua potable y alertan sobre caudales inferiores al promedio histórico de años recientes. Precisamente, esta crisis hídrica, especialmente en períodos de sequía, se traduce en la posibilidad de racionamientos o dependencia de camiones cisterna en barrios periféricos, lo que abriría brechas entre los diferentes distritos.
Otro fenómeno relacionado con el agua son los huaicos, deslizamientos violentos de líquido, rocas y lodo que se activan en las quebradas a causa de las lluvias intensas en la sierra central. Estos afectan de manera especial a los distritos de Lima Este, produciendo bloqueos en la Carretera Central y daños en viviendas e infraestructuras. Los huaicos acontecidos en 2023 y sus efectos devastadores sobre la ciudad son un ejemplo de la magnitud de este evento climático.
Otras infraestructuras críticas
Además del abastecimiento hídrico en Lima, hay otras infraestructuras que experimentan riesgos, como el transporte, la energía o la logística. En el ámbito de la movilidad, la congestión, la obsolescencia tecnológica y la ausencia de redes resilientes exponen a la urbe a interrupciones sistémicas si fallan los ejes viales o si el transporte público sufre daños, tal y como desvelan los informes municipales y los análisis de movilidad urbana realizados por entidades públicas.
En cuanto a la logística y la cadena de suministro, el puerto de Callao y las terminales de la zona conforman el principal nodo de comercio exterior, por lo que cualquier afectación por fenómenos climáticos podría conllevar un conflicto. Las estadísticas de la Autoridad Portuaria Nacional indican que este puerto concentra gran parte del tráfico de carga del país, vinculando la economía local con los riesgos globales. La mayor amenaza sería la interrupción simultánea de servicios básicos y de logística con su correspondiente impacto económico y social.
No podemos olvidar que Lima está en el área del Cinturón de Fuego del Pacífico, una zona crítica. El Instituto Geofísico del Perú y el CENEPRED han elaborado escenarios que muestran la posibilidad de sismos de gran magnitud con efectos como colapsos estructurales o tsunamis en la costa central. Los estudios advierten sobre vulnerabilidad de edificaciones y redes eléctricas y eventos recientes como el sismo de junio de 2025 refrendan la exposición actual y la necesidad de sistemas de alerta y preparación. La amenaza es alta para las personas, la economía, las viviendas, los suministros y las infraestructuras críticas.
Riesgos políticos y económicos
Los conflictos por desigualdad urbana, exposición social, crisis climática o vulnerabilidad de sistemas e infraestructuras llegan a la política. La gestión del riesgo precisa de coordinación institucional estable, así como de una financiación adecuada a las necesidades. Ciertos informes del Gobierno y del Banco Mundial señalan que las reformas institucionales han mejorado los marcos, pero las brechas en la gobernanza, la corrupción, la inestabilidad política y el déficit de atención pública ralentizan la implementación de otras medidas estructurales.
También hay impactos en la economía. La dependencia del comercio exterior y la concentración de operaciones logísticas en el puerto de Callao implican que ciertos shocks externos, como la crisis global, las interrupciones en las cadenas logísticas o las pandemias, entre otros, tengan repercusión en la actividad local y en el empleo. Los mayores riesgos tienen que ver con la caída de importaciones y exportaciones, el desempleo y la presión fiscal cuando suceden perturbaciones globales o cuando las infraestructuras portuarias se ven afectadas por eventos extremos.
Además de todo lo mencionado, cabe destacar que Lima tiene otras amenazas emergentes. Una de ellas es la contaminación: la calidad del aire en la ciudad y la contaminación de fuentes hídricas por descargas industriales y urbanas puede afectar a la proactividad y a la salud. La fragilidad en los servicios de saneamiento en zonas más desfavorecidas también aumenta el riesgo de brotes de enfermedad en situaciones post catástrofe.
Algunas medidas y previsión
Para tratar de evitar las amenazas y sus efectos en esta ciudad, se han puesto en marcha algunas medidas. La seguridad hídrica se ha establecido como prioridad estratégica, acelerando inversiones en fuentes alternativas, adelantando obras previstas en los planes gubernamentales y mejorando la gestión de cuencas y mecanismos de transferencia de agua.
Por otro lado, Lima está actualizando su catastro de vulnerabilidad de las edificaciones, a la vez que impulsa programas de reforzamiento de vivienda pública y privada y desde el CENEMED despliega sistemas de alerta temprana complementados con protocolos de evacuación en aeropuertos y otros puntos clave, sobre todo en el caso de sismos y tsunamis. En paralelo se están realizando planes de protección para redes eléctricas, acueductos y rutas logísticas que integren criterios climáticos en el diseño para mayor resiliencia de las infraestructuras críticas.
En cuanto la gestión urbana, con el objetivo de que sea más inclusiva, el gobierno del Perú está ordenando el crecimiento en zonas seguras, regularizando los servicios en la periferia y financiando obras de saneamiento y movilidad para reducir la desigualdad de exposición. Por último, se está trabajando en el fortalecimiento institucional con la consolidación de mecanismos permanentes de coordinación entre instituciones y con la búsqueda de financiación estable para la prevención y no solo la reacción.
Como conclusión, podemos decir que Lima enfrenta una confluencia de riesgos, pero los diagnósticos y modelos oficiales ofrecen una hoja de ruta clara. La ventaja es adelantarse y actuar ahora, cuando la evidencia oficial permite diseñar intervenciones que protejan vidas, bienes y el papel estratégico que tiene esta ciudad en la economía nacional.



